La transición energética: un camino que exige más minería

Detrás de las tecnologías de energía renovable existe una realidad menos visible: la extracción de minerales críticos, insumos fundamentales para la construcción de un futuro energético sostenible.

Cuando hablamos de energías renovables solemos pensar en paneles solares brillando en el desierto, turbinas eólicas girando con el viento o autos eléctricos circulando sin emisiones. Sin embargo, detrás de estas tecnologías existe una realidad menos visible: la extracción de minerales críticos, insumos fundamentales para la construcción de un futuro energético sostenible.

Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), las tecnologías bajas en carbono son mucho más demandantes en minerales que las basadas en combustibles fósiles. Mientras una central a gas requiere una fracción de insumos minerales, una planta solar necesita más de seis veces esa cantidad, y una central eólica terrestre puede requerir hasta diez veces más.

La siguiente imagen ilustra esta diferencia: las toneladas de minerales necesarias para generar un megavatio de energía limpia en comparación con plantas fósiles. A mayor despliegue renovable, mayor será la presión sobre la minería mundial.

Imagen 1 | Intensidad mineral de distintas tecnologías de generación eléctrica (IEA, 2021).

La lista de materiales es amplia: cobre, litio, níquel, cobalto, tierras raras, zinc, aluminio, grafito, molibdeno y más. Cada tecnología tiene su propia “huella mineral”:

  • Los paneles solares requieren grandes volúmenes de cobre, aluminio y silicio.
  • La energía eólica se apoya en cobre, zinc y tierras raras
  • Las redes eléctricas, que son el sistema circulatorio de la transición, dependen sobre todo del cobre y el aluminio.
  • Los vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento multiplican la demanda de litio, níquel, cobalto y, otra vez, cobre como conductor principal.

 

Las proyecciones son contundentes: hacia 2050 la demanda global podría multiplicarse varias veces. Por ejemplo, el litio hasta 17 veces, el níquel 6 veces, el cobalto 5 veces y el cobre 3 veces. En otras palabras, no habrá transición energética sin minería.

A continuación, podemos observar cómo se prevé que evolucionará la demanda mundial de minerales críticos hacia mediados de siglo.

Imagen 2 | Proyección del crecimiento en la demanda mundial de minerales críticos para 2050 (en kg/MW)

Fuente: World Nuclear Association (2023) – Mineral requirements for electricity generation

A este escenario se suma otro factor clave: la producción de estos minerales está concentrada en pocos países. Chile lidera el cobre y el litio, la República Democrática del Congo el cobalto, Indonesia el níquel y China domina en tierras raras y refinación de varios metales. Esta concentración genera dependencias y riesgos en un mundo que busca diversificar fuentes y asegurar cadenas de suministro estables.

Mendoza y la oportunidad del cobre

En este marco global, las reservas conocidas ubican a la cordillera mendocina como uno de los territorios con mayor potencial para integrarse a la cadena de suministro de la transición energética. La provincia cuenta con un recurso estratégico que podría colocarla en el centro del mapa energético del futuro.

La transición energética es inevitable. Por eso, en Mendoza la minería debe planificarse bajo estándares modernos, con gestión ambiental rigurosa, control estatal, transparencia y diálogo con las comunidades. Solo así podrá construirse una actividad capaz de transformar un recurso natural en una verdadera oportunidad de desarrollo sostenible y crecimiento económico.

Mendoza tiene la posibilidad de ser protagonista de la energía del futuro.

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